Sevilla | No nos dejemos robar la esperanza de un trabajo decente

Las XI Jornadas de la Acción Conjunta Contra el Paro de Sevilla, celebradas el 16 de marzo, son una iniciativa de las delegaciones de Pastoral Social-Justicia y Paz, Migraciones, Cáritas Diocesana, Pastoral Obrera, Pastoral Penitenciaria, Fundación Cardenal Espínola, Hermandad Obrera de Acción (HOAC), Hermandades del Trabajo (HHTT), Movimiento Cultural Cristiano (MCC), Movimiento de los Focolares y la representación de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER).

Al encuentro han asistido alrededor de un centenar de personas para dialogar en torno a una mesa redonda moderada por la periodista y presentadora Susana Herrera y en el que han participado Ildefonso Camacho, jesuita, doctor en Teología y licenciado en Ciencias Económicas; José Ignacio García, doctor en Economía y catedrático del Área de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad Pablo de Olavide; y Manuel Loza, presidente del Comité de Empresa del Ayuntamiento de Sevilla, secretario de la sección sindical de Comisiones Obreras (CCOO) y militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica. Un encuentro que comenzó con una contextualización de la situación del mercado laboral que vivimos actualmente. Diego Márquez, delegado de Pastoral Obrera de la Archidiócesis de Sevilla.

Sus conclusiones están recogidas en el comunicado No nos dejemos robar la esperanza de un trabajo decente:

Hemos vuelto a reflexionar sobre la realidad del trabajo, poniendo de manifiesto las luces, sombras y retos que nos plantea; qué es y cómo construir hoy  un trabajo decente  y qué signos de esperanza podemos atisbar.

Asistimos a un proceso permanente de creación y destrucción de empleo. El número de personas desempleadas baja  al tiempo que  grandes empresas con grandes beneficios anuncian miles de despidos: Caixabank, Vodafone, Ford, Alcoa, Airbus, etc. La eliminación de estos empleos reviste una especial importancia, pues son efectuados por empresas que han tenido y tienen cuantiosos beneficios, y se hacen con la idea de incrementarlos. No se trata de salvar a la empresa, se pretende ganar más dinero. El papa Francisco nos dice que «la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos».

Tenemos la esperanza de que los empleos destruidos sean sustituidos por nuevos empleos, como ha ocurrido en otros momentos de la historia. Pero la realidad nos hace tres llamadas: los posibles nuevos empleos no serán para las personas que lo han perdido, las descartadas. ¿Qué hacer con ellas?; tampoco serán de la misma calidad, puesto que en el mes de febrero la contratación temporal y precaria en Andalucía y Sevilla supone un 95% de los contratos realizados y, lo que es más grave, a diferencia de otros momentos de la historia, ahora las personas tenemos un serio competidor para acceder a esos nuevos empleos: los robots, la inteligencia artificial, el Internet de las cosas, etc. Es decir, los nuevos empleos implican en muchas ocasiones acelerar el proceso de eliminación de puestos de trabajo.

Necesitamos una economía y una empresa cuyo funcionamiento parta de la centralidad de la persona y esté al servicio de ella, de la familia y de la sociedad. Solo así podemos construir un trabajo como el Papa quiere: Libre, para que la persona pueda sentirse obra de Dios que, en el trabajo realizado, encarna y prolonga la presencia de Dios en cada persona y en el mundo. Creativo, para sacar de sí y de las personas con quien  trabaja  el bien que Dios depositó en su corazón. Participativo, para vivir el trabajo como donación a otras personas y en colaboración con ellas. Y solidario, posibilitando dar respuesta a las personas descartadas, ofreciendo la cercanía y la propia solidaridad.

En este panorama, celebramos que haya empresarios que promueven una concepción de la empresa y del trabajo coherente con el servicio al bien común y desde el respeto a la dignidad humana. «Cuando la economía es gestionada por buenos empresarios, las empresas son amigas de la gente y de los pobres».

Celebramos y agradecemos el trabajo de los sindicatos, pues sin ellos la barbarie es segura. Con Francisco, les pedimos dos cosas: «que den voz  a quienes no la tienen: a los precarios, a los desempleados, a los trabajadores migrantes, a los descartados; desenmascarando a los poderosos que pisotean los derechos; y que vigilen desde las murallas de la ciudad del trabajo para proteger a los que están dentro, pero mirando y protegiendo a los que están fuera de esas murallas».

Nos ratificamos en nuestro compromiso de seguir realizando un proceso de análisis, reflexión y construcción conjunta de alternativas en las parroquias, movimientos y otras instancias eclesiales, que promueva una nueva organización del trabajo desde la DSI, actuando sobre las injusticias que provocan pérdidas de trabajo, fomentando la creación de trabajos concretos y cuidando el trato cercano con las personas paradas.

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