Opinión | Dios se encarnó en Jesús, el carpintero obrero de Nazaret

María Isabel Herrera Navarrete, presidenta de la JOC y representante de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente.
Artículo publicado en Vida Nueva (papel y digital).

Se acerca la fecha de la fiesta de San José obrero, 1 de mayo, día internacional de los trabajadores y las trabajadoras, conmemoración que nos une en armonía a cristianos y no cristianos en la lucha por la dignidad del trabajo.

¿Cuál es la realidad del trabajo hoy?

  • 304.300 personas desempleadas y sin posibilidad de trabajar.
  • 000 son los hogares sin ningún ingreso.
  • 338.187 personas se reconocen como trabajadores pobres.
  • 652 personas fallecieron en accidentes de trabajo durante el año pasado, aumentando un 5,5% respecto al año anterior, marcando su máximo en siete años.

¿Qué vida encontramos tras estas cifras?

El denominador común que conecta a todas ellas es la indecente precariedad laboral que asfixia, excluye y mata a la mayor parte de la población, la clase trabajadora. Asistimos a un panorama laboral donde el ser humano es contemplado y utilizado como objeto de producción y beneficio al servicio del capital. Es así como la persona no es considerada sujeto de vida, de dignidad, de derechos.

Basta con mirar nuestras propias familias, llamar a la puerta de la vecina, caminar por el barrio o pararte en la frutería de la esquina para comprobar cómo en las conversaciones cotidianas surge la preocupación por cómo está el mundo del trabajo.

  • Itxaso: una joven oscilando entre el estudio y el trabajo precario, su jefa directora de una residencia de mayores la avisa con 2 horas de antelación para trabajar en el turno de noche. No te permitas no ser la primera en coger la llamada, que te quedas sin el trabajo… ¡Se rifa trabajo precario!
  • Almudena: joven que a las 2 semanas de hacerla indefinida en su empresa le informan sus jefes que tienen que prescindir de los gatos que supone tenerla como empleada. Emancipada desde hace 2 años, tiene que volver a casa de sus padres. ¡Consuélate que tienes el techo de tus padres!
  • Rafi: madre de familia en búsqueda activa de trabajo, echa diariamente entre 2 y 4 ofertas. Tras ser seleccionada para cubrir una baja en un centro de menores, abandona su familia, hogar y ciudad con lo que supone de ruptura y desestructuración. ¡Con la edad que tienes, aún hay algo de trabajo para ti!
  • Gabi: trabajador inmigrante cuyo permiso está vinculado a su trabajo, tiene que renovar en breve su permiso de residencia y le reza al cielo para que continúe contratado en la empresa.

La indecente precariedad se ceba con las personas más indefensas; inmigrantes, jóvenes, mujeres; ellas y ellos son rostro de la pobreza crónica que se asienta en nuestras vidas y no nos quiere abandonar. Jóvenes tristes, apáticos, a quienes se les roba la oportunidad de planificar un proyecto de vida. Madres rotas entre “cargas” por mantener y cuidar la vida del hogar y la familia, y trabajos precarios que les flexibiliza la vida hasta romperla. Inmigrantes que, asumiendo que son los últimos de los últimos, se resignan con vivir día a día, dando gracias por ello. Asistimos a una realidad dual del trabajo donde por un lado encontramos un gran número de personas sin trabajo mientras que otras son sobrexplotadas con jornadas de trabajo interminables. Esto requiere urgentemente un nuevo planteamiento del trabajo desde la justicia, el bien común, la sostenibilidad de la vida y la naturaleza.

¿No es este el carpintero, el hijo de María? (Mc 6, 3). Jesús, referente obrero carpintero, trabajó con sus manos, manipulaba la materia prima creada por Dios y con su habilidad de artesano la transformaba y daba forma. Un sector muy amplio de esta sociedad hoy está excluida de experimentar lo que el trabajo dignifica a su vida; desarrollando los dones que llevamos en nuestro interior, aportando a la sociedad nuestras capacidades, sintiendo una estructura que nos da estabilidad a nuestra vida, posibilitando un proyecto de vida. Si nos falta el trabajo, nuestra dignidad queda lastimada.

¿Quién se hace cargo de estas realidades?

El papa Francisco plantea a los movimientos sindicales 2 grandes desafíos:

  1. Dar voz a quienes no la tienen; a los precarios, a los desempleados, trabajadores migrantes… desenmascarando a quienes pisotean sus derechos.
  2. “Vigilar desde las murallas de la ciudad del trabajo” y proteger a los que ya están dentro pero sin dejar de mirar a los que no cuentan, los que no forman parte, es decir, los excluidos del trabajo.

Y en su mensaje a las organizaciones de trabajadores: “No se olviden de su rol de educar conciencias en solidaridad, respeto y cuidado. La conciencia de la crisis del trabajo y de la ecología necesita traducirse en nuevos hábitos y políticas públicas. Para generar tales hábitos y leyes, necesitamos que instituciones como las de ustedes cultiven virtudes sociales que faciliten el florecimiento de una nueva solidaridad global, que nos permita escapar del individualismo y del consumismo, y que nos motiven a cuestionar los mitos de un progreso material indefinido y de un mercado sin reglas justas”.

Desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), somos conscientes de la responsabilidad que tenemos como Iglesia y como cristianos comprometidos en el mundo, de hacernos cargos de estas situaciones de hermanas y hermanos que sufren la lacra de la hiriente precariedad laboral. Por ello, nuestro trabajo está orientado a:

  • Ser lugar de encuentro, de reflexión, denuncia y anuncio.
  • Fomentar y cuestionar el debate público desde principios y valores evangélicos del Trabajo Decente.
  • Ser Iglesia unida y en salida, actuando como puente entre Iglesia-sociedad-sindicatos-asociaciones-ONG.
  • Autocuestionarnos a través de una reflexión interna orientada a la coherencia del trabajo decente.

Este 1º de Mayo las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente- Cáritas, CONFER, HOAC, JOC, JEC y Justicia y Paz- unimos nuestras fuerzas en el compromiso de luchar por un trabajo que ponga en el centro el valor de la vida.

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